Supongo que a lo que más le temo es a las decepciones.
Cuando una persona te falla te sientes traicionado, ridículo por haber depositado un mínimo de confianza en ella. Este desencanto puede ser más grande o más pequeño, según tus valores y según tus ideales, y lo más importante, según la importancia que tenga para ti esa otra persona: si quién te ha fallado es alguien valioso y trascendental vas a perdonar a pesar del daño causado (como dije antes cada uno impone sus límites), por otra parte si la persona que ha cometido el error es alguien que como individuo no te aporta más allá de un par de anécdotas banales el daño sufrido será muchísimo menor, pero, en cambio, no olvidarás tan fácilmente.
Con esto quiero decir que el ser humano es un poco complejo. Y responde a través de sus sentimientos casi el 90% del tiempo, por no decir el 100%
Lo que llamamos razón a veces no son más que sentimientos encontrados que buscan un refugio lejos del estómago y cerca del cerebro porque inconscientemente detectamos el peligro, el peligro de ser dañados o de dañar a otros, el peligro de caer y no poder levantarnos, el peligro de meternos en medio de una dificultad o de vernos rodeados de problemas. Es decir, impulsos VS control. Razón VS corazón.
Venimos a ser los mismos huyendo de los inconvenientes o, por otra parte, buscando sentirnos vivos. Emociones fuertes y adrenalina.
Yo por mi parte ya me he bajado de la montaña rusa, fue un tormento mientras duró y ahora tengo pánico a subirme a otra. Es decir, necesito que esta sensación de vértigo se disipe antes de volver a encaramarme de nuevo ahí arriba y dejarme llevar a cientos de Km/h sintiendo como se activa cada poro de mi piel.
Necesito inutilizar mi corazón hasta que el tiempo nos repare. Me repare.
Este es mi propósito de Año Nuevo: intentar hacer las cosas a mi manera. Y si salen mal, me perdonaré, al fin y al cabo, soy alguien de suma importancia para mi misma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario