miércoles, 4 de enero de 2012

Desconoces los motivos de mi conocimiento.


A veces hablo conmigo misma. Es decir, me pregunto en silencio infinidad de interrogantes y espero, rebusco dentro de mí la respuesta. Y es asombroso como me conozco, como he aprendido a ser sincera  conmigo (que no contigo)  y como he formado también un pequeño cajón para el autoengaño.

Algunas veces me acojono con lo que encuentro dentro de mi cabeza. Me da miedo comprenderme tanto y aún así no poder obrar siempre con total libertad por miedo a las consecuencias, las consecuencias externas e internas. Las externas se que escapan a mi control y por tanto no puedo quedarme a darles vueltas, pero en cambio las consecuencias internas me controlan a mi. Yo las disecciono y ellas me absorben, me atrapan. Me revelan el mapa de mi personalidad.
Por una parte encuentro importante conocer mis puntos débiles, mis puntos fuertes. Mi forma de ser (y de no ser), mi modos de diseccionarme a mi también, de abrirme los sentimientos y pensamientos en canal y recogerlos uno por uno, inspeccionándolos, entendiéndolos.
Por otra parte es abrumador. Tropiezo con infinidad de elementos que no se porque están ahí, que hacen, que finalidad tienen. ¿Alguien los ha puesto o siempre estuvieron? O quizá alguien los moldeó sin mi permiso. O quizá fue mi otro yo. 
El caso es que me conozco y a veces me hago la sueca conmigo misma (algo absurdo ya que esto solo hará que la madeja se enrede aún más y pierda el doble de tiempo en deshacer los nudos), y cuando me hago la sueca es porque tengo miedo, tengo un miedo increíble a reconocer la verdad, la realidad de la situación. 
Me da pánico enfentarme a mi misma cuando conozco los recovecos más claros y los más oscuros, cuando me miró a través de mis propios ojos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario