lunes, 5 de marzo de 2012

Dejemos lugar a la duda.


Hay quién dice que sólo es amor si lo vives como encima de una montaña rusa. Sólo si hoy estás bien y mañana la angustia reina en tu estómago. Que no llegas a enamorarte de alguien si no caminas peligrosamente sobre la línea de amor-odio.
En cambio, hay quién con el paso de los años, cambia esta visión o idealización de relación de amor de película, buscando la tranquilidad, la felicidad, la estabilidad. Apartando esa ansiada búsqueda de locura de sus planes y
(...)
Entonces bien, ¿quién está en lo correcto? ¿Tragedia, calma? ¿Quién se autoengaña realmente? ¿El que se refugia en la tranquilidad o el que cree a pies juntillas que sin discusión el amor no es amor?
¿Realmente necesitamos toda esa parafernalia que nos han intentado inculcar las grandes productoras hollywoodienses? ¿Tienen que ser las cosas difíciles para que creamos que son auténticas? ¿Es el drama necesario?

sábado, 25 de febrero de 2012

Con c de calma.

Cuando uno tiene que olvidar y reiniciar, ¿cuál es el método más eficaz?
Por norma general aprendemos con los años a forjar nuestros propios métodos, nuestras fórmulas secretas que nos permitan seguir adelante con lo que sea que nos duele ahí, en el pecho. Cada uno se lame las heridas a su manera, y cada uno tiene sus medios para deshacer los nudos del estómago. 
Es un proceso (por lo general) lento, costoso. Difícil.
Y cuando vemos la meta cercana nos enorgullecemos, nos alegramos. Confiamos de nuevo en nosotros mismos y nos inunda una sensación de placer inmensa. 
Recordar aquello que te dolía de una forma bonita, hacer de ello un recuerdo feliz, y que sea tan solo eso, un recuerdo. No vivir atrás, superarte, aliviar esa presión en el tórax.

Y por eso no es de extrañar que después de este proceso, que en ocasiones ha empezado mucho antes de lo que uno imagina, solo desees tranquilidad. Soledad. El reencuentro con uno mismo y todo eso que te suelen contar. Y es cierto, necesitamos un proceso de preparación, otro de aceptación, otro más curación y finalmente un último proceso de reposo. 
Porque todo está en el mismo lugar de donde salen estas palabras: el cerebro. Y este necesita un poco de descanso.
Por eso no es raro sentir lo que sientes. Pensar lo que piensas. Que quieras todo y nada a la vez. Que necesites un poco de cal y un poco de arena y que a la vez seas tú quién dé de las dos. Así que no te preocupes, y se perseverante. Se paciente. Sin agobios. Sin obligaciones. 
Espera a que el café esté templado para tomarlo.

jueves, 12 de enero de 2012

Pero es necesario.


 Una vez estuve con un chico que me decía que nunca me iba a olvidar. Que no iba a encontrar a ninguna como yo por muchas bocas que besase, por muchos cuerpos que abrazase, por muchos cuerpos que explorase, nunca iba a ser como conmigo.
Creo que mentía, pero en cambio sus argumentaciones eran convicentes.
Él me dijo que nadie jamás le había pedido un bocadillo de pan de molde diciendo ''Sandwiches'' con la sílaba tónica en ''wich''. Que nadie había pasado una resaca junto a él de tan buen humor y de tan mal humor.
Y mis ojos. Tan expresivos (o comprensivos, ya no recuerdo bien que fue exactamente lo que dijo), con esa manera de mirarle y hacerle sentir la persona más desdichada del mundo o por el contrario, la persona más inteligente, brillante y perfecta. Mis manías de desordenarlo todo como si Huracán Katrina hubiese llegado a su vida. Mi vicio a las cebolletas y las aceitunas. O al lomo con queso. Y que me durmiese siempre viendo una película. O que me mordiese los labios al sentir nervios. Y mis fallidos intentos de dejar de morderme las uñas definitivamente. También me dijo algo sobre mis tetas, pero eso es más censurable y lo dejo entre él y yo. Los lunares diminutos de mi piel y la  pequeña cicatriz de mi pierna, con su correspondiente historia. Los miércoles de comida china o telepizza y los lunes y domingos de cine con comida basura. Los viernes de autocine con Spaguetti Boloñesa (también me recordo que nadie en el mundo podría comerla tantas veces como yo sin cansarse), la playa y el frío. Lo que sentía cuando estaba conmigo: ''me haces querer ser mejor persona'', decía.
(...)

En fin, que todo esto lo hago público porque es hora de que me sustituya, al menos en cierto modo. Así que haz con esta información lo que quieras, pero utilízala bien, de tal forma que cuando lo conozcas un poco más puedas hacerle creer también que jamás te va a olvidar. 
Pero, recuerda que el ser humano tiene memoria selectiva. Y que extraviamos más de lo que queremos aunque recordarmos también más de lo que desearíamos. Así que nunca olvides que la realidad se impone al romanticismo y que algún día tú también tendrás que escribir tus propias líneas. Bien sea para intentar salvarle o bien sea para rellenar un post.

miércoles, 4 de enero de 2012

Desconoces los motivos de mi conocimiento.


A veces hablo conmigo misma. Es decir, me pregunto en silencio infinidad de interrogantes y espero, rebusco dentro de mí la respuesta. Y es asombroso como me conozco, como he aprendido a ser sincera  conmigo (que no contigo)  y como he formado también un pequeño cajón para el autoengaño.

Algunas veces me acojono con lo que encuentro dentro de mi cabeza. Me da miedo comprenderme tanto y aún así no poder obrar siempre con total libertad por miedo a las consecuencias, las consecuencias externas e internas. Las externas se que escapan a mi control y por tanto no puedo quedarme a darles vueltas, pero en cambio las consecuencias internas me controlan a mi. Yo las disecciono y ellas me absorben, me atrapan. Me revelan el mapa de mi personalidad.
Por una parte encuentro importante conocer mis puntos débiles, mis puntos fuertes. Mi forma de ser (y de no ser), mi modos de diseccionarme a mi también, de abrirme los sentimientos y pensamientos en canal y recogerlos uno por uno, inspeccionándolos, entendiéndolos.
Por otra parte es abrumador. Tropiezo con infinidad de elementos que no se porque están ahí, que hacen, que finalidad tienen. ¿Alguien los ha puesto o siempre estuvieron? O quizá alguien los moldeó sin mi permiso. O quizá fue mi otro yo. 
El caso es que me conozco y a veces me hago la sueca conmigo misma (algo absurdo ya que esto solo hará que la madeja se enrede aún más y pierda el doble de tiempo en deshacer los nudos), y cuando me hago la sueca es porque tengo miedo, tengo un miedo increíble a reconocer la verdad, la realidad de la situación. 
Me da pánico enfentarme a mi misma cuando conozco los recovecos más claros y los más oscuros, cuando me miró a través de mis propios ojos.

martes, 3 de enero de 2012

El vértigo es una particular sensación de falta de equilibrio.


Supongo que a lo que más le temo es a las decepciones. 
Cuando una persona te falla te sientes traicionado, ridículo por haber depositado un mínimo de confianza en ella. Este desencanto puede ser más grande o más pequeño, según tus valores y según tus ideales, y lo más importante, según la importancia que tenga para ti esa otra persona: si quién te ha fallado es alguien valioso y trascendental vas a perdonar a pesar del daño causado (como dije antes cada uno impone sus límites), por otra parte si la persona que ha cometido el error es alguien que como individuo no te aporta más allá de un par de anécdotas banales el daño sufrido será muchísimo menor, pero, en cambio, no olvidarás tan fácilmente.

Con esto quiero decir que el ser humano es un poco complejo. Y responde a través de sus sentimientos casi el 90% del tiempo, por no decir el 100%
Lo que llamamos razón a veces no son más que sentimientos encontrados que buscan un refugio lejos del estómago y cerca del cerebro porque inconscientemente detectamos el peligro, el peligro de ser dañados o de dañar a otros, el peligro de caer y no poder levantarnos, el peligro de meternos en medio de una dificultad o de vernos rodeados de problemas. Es decir, impulsos VS control. Razón VS corazón. 
Venimos a ser los mismos huyendo de los inconvenientes o, por otra parte, buscando sentirnos vivos. Emociones fuertes y adrenalina.
Yo por mi parte ya me he bajado de la montaña rusa, fue un tormento mientras duró y ahora tengo pánico a subirme a otra. Es decir, necesito que esta sensación de vértigo se disipe antes de volver a encaramarme de nuevo ahí arriba y dejarme llevar a cientos de Km/h sintiendo como se activa cada poro de mi piel.
Necesito inutilizar mi corazón hasta que el tiempo nos repare. Me repare.
Este es mi propósito de Año Nuevo: intentar hacer las cosas a mi manera. Y si salen mal, me perdonaré, al fin y al cabo, soy alguien de suma importancia para mi misma.