Cuando uno tiene que olvidar y reiniciar, ¿cuál es el método más eficaz?
Por norma general aprendemos con los años a forjar nuestros propios métodos, nuestras fórmulas secretas que nos permitan seguir adelante con lo que sea que nos duele ahí, en el pecho. Cada uno se lame las heridas a su manera, y cada uno tiene sus medios para deshacer los nudos del estómago.
Es un proceso (por lo general) lento, costoso. Difícil.
Y cuando vemos la meta cercana nos enorgullecemos, nos alegramos. Confiamos de nuevo en nosotros mismos y nos inunda una sensación de placer inmensa.
Recordar aquello que te dolía de una forma bonita, hacer de ello un recuerdo feliz, y que sea tan solo eso, un recuerdo. No vivir atrás, superarte, aliviar esa presión en el tórax.
Y por eso no es de extrañar que después de este proceso, que en ocasiones ha empezado mucho antes de lo que uno imagina, solo desees tranquilidad. Soledad. El reencuentro con uno mismo y todo eso que te suelen contar. Y es cierto, necesitamos un proceso de preparación, otro de aceptación, otro más curación y finalmente un último proceso de reposo.
Porque todo está en el mismo lugar de donde salen estas palabras: el cerebro. Y este necesita un poco de descanso.
Por eso no es raro sentir lo que sientes. Pensar lo que piensas. Que quieras todo y nada a la vez. Que necesites un poco de cal y un poco de arena y que a la vez seas tú quién dé de las dos. Así que no te preocupes, y se perseverante. Se paciente. Sin agobios. Sin obligaciones. Espera a que el café esté templado para tomarlo.
