No tiene nada que ver con todos esos lemas de ''Live fast, die young'' y entrelíneas: drógate hasta la muerte. A lo que me refiero es que solemos pasar los días como hojas de un libro al que apenas estamos prestando atención y no como las de nuestra lectura favorita: repasando cada línea, saboreando cada espacio, cada punto y cada coma, retrasando el momento de cambiar de página para aprovechar hasta la última palabra.
Solemos pasarnos la mitad de nuestras vidas deseando lo que no tenemos y la otra mitad lamentándonos precisamente por este mismo motivo. La verdad que la mayoría de nosotros tenemos la convicción de que estamos exprimiendo cada instante y si realmente fuésemos sinceros con nosotros mismos descubriríamos que no sería acertado afirmar tal cosa. Nos agobian los problemas y nos aburre buscar soluciones. Nos inquieta lo desconocido y sin embargo lejos de afrontarlo, infinidad de veces huímos, perdiendo así quizá, oportunidades que jamás volverán a repetirse, situaciones, encuentros, experiencias que podrían haber cambiado de forma drástica el transcurso de una vida.
Ese tiempo impalpable en el momento, que solo notamos cuando se nos viene encima. Ese miedo al paso del mismo, pero esa estupidez de no saber agarrarlo por el cuello y hacer con él lo que nos de la gana. Lucrarnos de este hasta la saciedad y, al mirar atrás decir ''Joder, pues yo he ganado''.

No hay comentarios:
Publicar un comentario