miércoles, 21 de diciembre de 2011

Choques frontales sin frenos.


Si es que cuando se te tuerce el día, solo puede seguir curvándose en la dirección equivocada. Como estas bolas de nieve de los dibujos animados que van rodando y a medida que avanzan se van haciendo más y más grandes. Y la única solución para que se deshagan es el estrellarse contra un muro o similar.
Pues bien, quizá mi muro de hoy has sido tú. O quizá haya sido yo misma. El caso es que el día empezó con altibajos y a medida que fue oscureciendo, mi ánimo también se fue apagando y la bola de nieve fue creciendo, primero despacio y después más rápido. Hasta que me ha llevado con ella y he empezado a rodar sin control, sin poder parar. Me he fundido con la bola y entonces he empezado a sentir frío, muchísimo frío. Tampoco podía ver ni respirar con claridad porque las capas de nieve que se iban impregnando a la bola me cegaban y el hielo se me colaba por la ropa, calándome, quemándome con la temperatura glacial. Hielo contra piel. Nieve contra nieve. Orgullo contra orgullo.

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